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NUEVOS
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El motivo que me ha impulsado para desarrollar esta Guía ha sido el de responder a la eterna pregunta:
¿Qué hay que ver en Venezuela? seguido por ¿Y cómo llegaré ahí?, ¿Qué hay para hacer?, ¿Dónde me podré alojar?, ¿Cuánto tendré que pagar?
Tratare de responder en forma seria a estas interrogantes desarrollando esta guía que he bautizado con el nombre de Innsitios para aquellas personas que tengan el sincero deseo de conocer Venezuela con cierta profundidad.
Quiero viajar y reviajar con cada uno de ustedes por las distintas rutas descritas, brindándoles la información útil y amena que de cada lugar les suministrare, espero que la historia, folklore, leyendas locales, especialidades culinarias, curiosidades y demás material relevante ofrecido aquí, ilustren al viajero y lo ayuden a disfrutar y a gozar a plenitud de los atractivos singulares e infinitos que exhibe cada rincón de nuestra hermosa tierra venezolana y el generoso corazón de sus gentes.
Escribeme y encarga ya mismos tu propia Guía por una modica inversión de Bsf 350,00, ya incluido el envío a tu casa u oficina!!!
Francisco Velandia
info@innsitios.com |
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CASTILLO DE SANTIAGO DE ARAYA |
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 1/6/2011
UBICADO EN LA PENINSULA DE ARAYA
Se puede ir en “flechas” o en el ferry llevando su carro desde Cumaná hasta la árida Península de Araya para visitar el fuerte y las salinas que allí se encuentran, nadar i recoger conchas de mar. Igualmente, se puede manejar hasta Araya, vía Cariaco y Chacopata, donde empieza una carretera de tierra que corre a lo largo de la costa norte de la Península.
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Bienvenidos a este nuestro país… una tierra de dicha turística para el disfrute de tu destino perfecto.
El Castillo de Santiago de Araya fue construido en la costa occidental de la Península de Araya, para proteger las ricas salinas que allí se encuentran. Considerada una de las mejores fortalezas en América, fue la construcción más importante y costosa hecha en Venezuela durante la época colonial.
Estas salinas fueron descubiertas en 1499 por Pedro Alonso Niño y Cristóbal de la Guerra, en lo que probablemente fue la primera expedición comercial que saliera de España. De una extensión y riqueza insuperada por las conocidas hasta entonces en el resto del mundo, eran en verdad valiosísimas.
Tal vez hoy en día sea difícil entender por que la sal era un tesoro tan preciado, pero hasta que se implantara la refrigeración en la época moderna, la sal era indispensable para preservar los alimentos, especialmente el pescado que era la proteína preferida de los países del norte de Europa. La palabra “salario” proviene de la palabra sal en latín (salarium), ya que en los tiempos antiguos a los soldados romanos se les pagaba con este producto tan importante (“un hombre vale su salario”). Igualmente, las tortas de sal eran utilizadas como dinero en algunas partes de África, en el Tibet y en China hasta el siglo XX.
En el siglo XVI hubo un aumento considerable de población en Europa, y en consecuencia, una mayor demanda de sal. Los holandeses, que no tenían acceso a los centros productores de Europa empezaron, después de lograr su independencia de España, a buscar ávidamente la sal de Araya. No era tarea difícil apoderarse de un cargamento de sal, que valía una fortuna, en esta Península remota, carente de fortificaciones y casi sin población. Durante más de medio siglo, los holandeses llenaron gratuitamente sus amplias bodegas con la sal de Araya sin que los gobernadores de Cumaná pudiesen hacer nada para evitarlo.
En 1605, España envió un fuerte escuadrón para enfrentar a los holandeses, librándose una terrible batalla que resultó en 1609, en una tregua de 12 años. Sin embargo, los holandeses continuaron explotando la sal furtivamente.
En 1621, enviaron una poderosa flota para tomar posesión de Araya pero fueron derrotados por el aguerrido gobernador Diego de Arroyo y Daza. De todo ello quedó claro que era necesario erigir un fuerte para evitar futuros intentos de piratería con la sal.
El sitio para ubicar el castillo de Santiago fue escogido por le más distinguido y famoso de los ingenieros que actuaron en América en el siglo XVII. La construcción de la obra se inició en 1622 y continuó ininterrumpidamente durante 7 años, de tal forma que el fuerte estaba bastante adelantado. De allí en adelante, la obra continuó lentamente y no se finalizó sino hasta 1665.
Debido a la intensidad de los rayos solares y la falta de sombra, fue necesario trabajar durante la noche, lo cual elevó el costo de la construcción a un millón de pesos fuertes, que para ese entonces era una cifra astronómica. Toda la comida y el agua tenían que traerse a la Península por vía marítima. Muchos obreros murieron debido a las penurias sufridas durante la construcción.
La forma básica trapezoidal de la planta del fuerte es una adaptación para acomodar los baluartes al sitio escogido por razones estratégicas en el sector sur por de la poco profunda bahía de Araya. Los macizos baluartes, las instalaciones instalaciones para la guarnición, los aboveados pasillos y el gran ajilbe, fueron todos ejecutados con un trabajo de sillería de admirable calidad, utilizando la piedra coralífera esponjosa de Araya. La Cantera, hacia el sur del fuerte, que suministró todo el material utilizado en esta obra proporcionó también el empleado 1500, en la construcción de la primera ciudad en Sur-América en la vecina isla de Cubagua, y en las fortificaciones de Cumaná.
El fuerte permitía alojar 300 hombres, pero su guarnición normal era de 250 hombres. Estaba equipado con 45 cañones de diversos calibres y parque suficiente para rechazar a cualquier contrabandista o bucanero. Su capacidad fue puesta a prueba en más de cien oportunidades. El rigor del clima, extremadamente cálido, debe haber hecho de éste uno de los lugares más difíciles para vivir en el país.
En 1725, un violento huracán ocasionó grandes daños a las salinas: la sucesión de olas que penetraron tierra adentro transformaron la fisonomía del imprescindible “lago de sal” de tal modo que quedó convertido en un golfo de varios kilómetros de largo, por lo que fue imposible seguir la explotación de la sal.
En 1762, llego la orden de abandonar el Castillo, considerado inútil ahora que no tenía ninguna riqueza que proteger. Para evitar que cayese en manos de merodeadores, los españoles dinamitaron el deteriorado fuerte y abandonaron la Península de Araya.
A pesar de que se utilizó toda la pólvora disponible, los inmensos baluartes que miran el mar se mantuvieron en pie. Y continúan en pie hoy en día dominando la superficie rosada de la laguna “Madre” de sal que eventualmente se volvió a formar a medida que transcurrieron los años.
El fuerte siempre está abierto, ya que no hay ningún tipo de puerta que pueda cerrarse. Simplemente entre. Todavía queda bastante de la maciza estructura para impresionarle con su tamaño, su construcción y la vista que domino todo su contorno.
En la base del Castillo hay una pequeña zona recreacional donde pueden hacer picnic y nadar.
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Francisco Velandia info@tuposada.com |
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